miércoles, 21 de enero de 2009

Las estaciones...

Me gustan las estaciones de tren, con su vaivén de gentes apresuradas, otras que no saben muy bien a donde ir y las que están ahí porque no tienen o no quieren otro sitio donde estar. En estas últimas me incluyo yo. Si te digo la verdad, no tengo muy claro cuando empezó todo, aunque podría aventurarme a pensar que fue aquel día que te vi entrar por la puerta del bar en aquella estación.

Era una tarde lluviosa de agosto y el olor de la tierra mojada se entremezclaba con el rancio hedor del camarero que nos servía unos café. Aunque esta circunstancia no alejó un ápice la expectación que sentía por tu llegada. Me encontraba como un niño el día que dan las vacaciones de verano, con esa desazón que recorre todo el cuerpo catapultándolo fuera de la silla y que no te deja estar sentado más de dos minutos seguidos.

En la megafonía de la estación oíamos anunciar las llegadas y salidas, con ese típico tono monótono e hipnótico, que hace que al cabo de un rato, parezca que todos los trenes llegan e inician su marcha hacia el mismo enigmático lugar. Estábamos sumidos en esa inducida somnolencia cuando de repente apareciste sacándonos de ella. Traías una pequeña maleta, la asías con una mano y en la otra llevabas un paraguas. Te quitaste tu sombrero y te acercaste. Saludaste a todos y finalmente nos presentaron. En aquel instante presentí que te quedarías a vivir en mí para siempre.

Sí, creo que por eso me gustan las estaciones de tren, ver pasar a la gente cargada con sus equipajes, o esa que espera impaciente, como yo esperaba, la llegada de alguien. Me gusta volver a ese viejo bar en los días de lluvia, evocar con sus olores aquel día, esperando que tal vez, no muy tarde, un tren te traiga de regreso otra vez.

lunes, 19 de enero de 2009

Buenas intenciones, malos propósitos

Hoy comienzo una nueva etapa, renazco de mis cenizas cual ave fénix enrabietada, con el ánimo de llevarme todo lo que se me ponga por delante, pero también con la incertidumbre de no poder asumir las nuevas responsabilidades que se me conceden. Una vez más me encuentro en la tesitura de tener que elegir, decidir, de precisar y de conjugar en su debido tiempo todos mis actos para poder llegar a cumplir cada uno de los objetivos que me han sido encomendados, evitando además realizar más destrozos de los necesarios.

Todo esto no tiene nada que ver con los buenos propósitos por año nuevo, es mucho más... hoy me he despertado con la sensación de todo puede salir bien esta vez, que mis tentativas no serán fallidas como los de esa polilla que quiere atravesar a cabezazos la bombilla de mi habitación, sin conseguirlo evidentemente.

En muchas ocasiones nosotros mismos nos parecemos a esa polilla, adoptamos conductas casi suicidas con el fin de llevar a cabo lo que se nos pasa por la cabeza, y aunque este tipo de acciones suelen ser acto de elogio, deberíamos darnos cuenta que la acción conjunta suele ser mucho más eficiente.

Pronto acabaremos la primera de las doce fases de nuestro proyecto, lo que fueron buenas intenciones se van tornando en malos propósitos, y si os soy sincero, no eran muy diferentes los unos de los otros.

martes, 25 de noviembre de 2008

Hoy he vuelto a pensar en tí...

Hoy he vuelto a pensar en ti. Es algo recurrente, cíclico, algo que no termina de irse pero que tampoco se queda, como los días, los meses y los años, como las estaciones, con sus frías mañanas de invierto y los cálidos atardeceres del verano, como el brotar de las flores en primavera y la triste caída de las hojas de los árboles en otoño… como tus visitas.

Siempre me han dicho que no sé relativizar la importancia de las cosas, y quizás tengan razón, porque sucede que a veces puedo ser capaz de cruzar a nado un mar de costa a costa y en otras ahogarme en vaso de agua. Y te preguntarás, ¿qué tiene que ver esto conmigo?... espera, no seas impaciente.

Resulta que en cada uno de estos ciclos, no sé porque extraña razón (y sin que tú lo quieras seguro), consigues desestabilizar mi mundo, un mundo aparentemente bien arraigado y seguro, pero que con la simple brisa que levantas al pasar, cae inexorablemente y haces que me replantee aspectos e ideas que habían alcanzado el grado de convicciones.

Pero después te marchas, quedando mi mundo desestabilizado, intentando asimilar todo lo sucedido durante tu visita; y poco a poco, vuelvo a recuperar el equilibrio, vuelvo a creer en lo que creía, vuelvo a ser lo que era, y creo que esto me hará más fuerte y me prometo que no volverá a pasar… pero no puedo engañarme, hoy vuelvo a echarte de menos… hoy he vuelto a pensar en ti.

PD. A todos los que ya no están, a los que no volverán, a los que nunca olvidaremos.


Mi mundo eléctrico

Dos miradas cruzadas en espacios abiertos son como dos balas perdidas sobre un blanco perfecto. Con tu mirada arañabas el tiempo en asientos traseros de coches secretos.
No estaba allí cuando todo ocurrió, pero era obvio que algo había cambiado, y sucede a veces que ese algo puede salvarte de caer más abajo.
Habito un espacio que se evapora con cada respiración. Grito como en un cómic de ciencia ficción esperando que algún héroe, o algún villano, me lleve a ese mundo, a mi mundo eléctrico.
Disparos certeros que apuntan al cerebro rompen el ritmo titubeante de los latidos de tu corazón. Crees que todo irá bien, pero de repente algo te dice que estás equivocado.
Quizás sea el momento de volver, ¿o puede que ya sea demasiado tarde? Ahora no es el momento de lamentarse, ya sabías el destino de este viaje antes de subirte.
Habito un espacio que se evapora con cada respiración. Un espacio sin sentido e inconexo. Ya no modo de volver, has llegado a mi mundo, al mundo eléctrico.
PD. ERB te he robado alguna frase... pero si lo hace Bunbury...